Cada cual atiende su juego

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Que un médico cordobés ex ministro de De la Rua, que un antiguo reformista sin más virtud que la de haber encarnado las funciones de decano y rector a fuerza de coraje y astucia, se interne en el fango de las negociaciones y enfrente serenamente a la acción colectiva del nuevo sujeto estudiantil para tallar su busto en el bronce de la historia, parece de antemano imposible.

El ocaso de la reunión dejaba un sabor extraño en el ambiente. Siempre permanecían los cinco, todos juntos o en tribus, haciendo comentarios y raccontos exagerados de lo que en realidad había ocurrido. El ritual ocultaba la verdadera intención que era medir las posibles consecuencias de los acuerdos que trabajosamente –o a fuerza de casualidad- habían alcanzado minutos antes.

Santa Cecilia de Roma musicalizó el martes de acuerdo a sus armonías, lo que para el devoto Vicerrector significó salir a las apuradas para pergeñar algún ardid que le permitiera seguir entorpeciendo con sutileza la elección directa a la que jamás había respaldado. Los fines y los principios suelen enredarse y le complican al Dr. Yanzi Ferreira continuar el disimulo ante los muchachos que garantizarán su investidura los próximos 29 meses que le queden de mandato.

El Rector tuvo que salir corriendo como quien asiste a una emergencia para atender los medios de comunicación que lo aguardaban en la puerta de su despacho. En su racionalidad sabía que debía dejar a los decanos en una encerrona: después de todo, habían agitado tanto la directa, solo con la intención de ocultar su interés en cambiar la correlación de fuerzas, que ahora no podían negarse. Se veía a sí mismo como en un sueño pensando más en los libros que en los diarios, trascendiendo a la historia como el Rector que concretó la elección directa en la UNC, desnudando los grandes fracasos del progresismo simbolizado primero en Scotto y algo borroso, luego en Tamarit.

Uno de los frecuentes contertulios, en su carácter de exdecano y actual funcionario, asintió ante la propuesta del Rector. No lo elogió excesivamente, pero hizo las cuentas sobre como los iba a complicar a los que se la habían jugado a fondo y ahora debían explicar la mesura.

Uno de los decanos jóvenes arguyó mascullando que la posición que él venía sosteniendo era avalada por toda su facultad y que por lo tanto no podía dar marcha atrás sin una consulta a su comunidad. Todos disimularon la sonrisa frente a tal ataque de democratismo del “Sí, se puede”.

El otro no dijo nada, dejó transcurrir la reunión con gesto distraído, pero quienes lo conocen bien saben que estaba muy concentrado. Sus pensamientos deambulaban por aquellos carriles que le permitieran dar un apoyo a la iniciativa del Rector y conseguir lo que buscaba.

Su primera conclusión fue que había que aprobar la incorporación de todas las corporaciones que se pudiera al Consejo Superior, eso no había estado en la parte caliente de la discusión y no podía obstaculizar el acuerdo –salvo con un sector minoritario y siempre berrinchero del nuevo sujeto estudiantil-.

La segunda era que no habría lugar para ningún cambio en la ponderación entre los diferentes claustros para la elección de Decano y mucho menos entre los 3 estamentos docentes.

Finalmente, una vez aprobado quitarle la atribución a la Asamblea Universitaria de elegir al Rector y establecido que se lo hará por elección directa, solo resta dejar lo suficientemente impreciso quien lo reglamentará. De esa manera, en pocos años se lo puede hacer a través del Consejo Superior y ahí aprobar la ponderación simple.

Todos creían que el Rector Hugo Oscar Juri había hecho una jugada magnífica, él sabía que podía ser su gran jugada.

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Que se doble pero no se quiebre

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Si hay algo en lo que todos coinciden – inclusive  los propios protagonistas de este apartado en la historia cuatricentenaria- es que los méritos por los que ellos han llegado donde están son de cualquier tipo, excepto los académicos.

Desde el momento en que dejaron sus pueblitos natales para cursar el secundario en Villa María hasta que llegaron a hacerse cargo de sus respectivos decanatos, se destacaron por sus habilidades para armar camarillas.

Mientras gastaban más sillas de bares que mesas de bibliotecas, sus nombres empezaron a sonar como dirigentes estudiantiles a fuerza de café y cigarrillos. Tener edades similares y las mismas posiciones políticas podrían hacer pensar que serían dos grandes compañeros de ruta, pero ambos son suficientemente ambiciosos y no aceptan ser número dos de nadie.

Apenas lograron cargarse a sus desgastados mentores, se lanzaron en carrera hacia el gran objetivo: el Rectorado. Al Mgter. Jhon Boretto le fue mucho más sencillo mandar al Lic. Alfredo Blanco a cuarteles de invierno, mientras que el Ing. Agr. Juan Marcelo Conrero tuvo que transpirar un poco más para terminar de doblegar al Mgter. Daniel DiGiusto.

Todo hacía pensar que el Decano de la Facultad de Ciencias Agropecuarias había dado muestras de mayor habilidad y contorsionismo, tanto que hasta él mismo se pensó relajado como quien entra primero a boxes en el circuito de Mónaco y en el fragor de la auto exaltación con los motores rugientes de fondo, presentó un proyecto para que se eligieran las autoridades de la Universidad Nacional de Córdoba de manera directa ¿Quién podría apostar en contra de que la ola conservadora que azota a la provincia se exprese sin intermediaciones en la elección universitaria? Silencio.

Es probable que en tan finos cálculos y estrategias, se le escapó una variable o simplemente subestimó al Decano de Ciencias Económicas, quien con la agrupación estudiantil oficialista de su lado, impulsó la simple ponderación de los votos para la elección de Rector y la necesidad de los 2/3 de la Asamblea Universitaria para realizar alguna futura reforma al sistema electoral.

Quizás no se haya dicho lo suficiente sobre los vientos nada primaverales que soplan hacia noviembre pero es evidente que la primera medida -ponderación simple- lo pone al Decano de Ciencias Agropecuarias al frente de una facultad con nimio peso en la elección de Rector, que se cocinará entre los cuatro ases: Facultad de Ciencias Económicas (FCE) y tres facultades que solo responden a los intereses de los caciques locales: Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (FCEFN) de Roberto Terzariol y Gabriel Tavella, Ciencias Médicas (FCM) de Gustavo Irico y Marcelo Yorio y Derecho ya sin Ciencias Sociales, alternada per secula seculorum como dote matrimonial entre Pedro Yanzi Ferreira y Marcela Aspell.

La segunda propuesta y la necesidad de los ⅔ de la Asamblea para posteriores reformas al sistema electoral, muestra que al Mgter. Boretto la coyuntura nunca le tapa la perspectiva: está claro que pasado un tiempo todas las demás facultades tomarán conciencia del error de haber cedido el poder a estas cuatro, sobre todo cuando vean la distribución del presupuesto. La Asamblea Universitaria seguirá siendo el único órgano que represente equitativamente a todas las facultades, pero el requerimiento de los 2/3 les hará casi imposible a las unidades académicas en situación de indigencia revertir esa injusticia.

Puertas Calientes

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Una vez abierta la jarra que traía Pandora, se sucederán todas las desgracias.

Inmediatamente después de  la derrota sufrida en la última Asamblea Universitaria, las huestes de Francisco Tamarit debieron enfrentar las elecciones de consejeros docentes con un destino ya anunciado.

En la mayoría de las facultades se mantuvieron las correlaciones de fuerza bastante similares a los últimos años pero las principales modificaciones se produjeron donde los más cercanos operadores del ex rector  tuvieron un rol preponderante.

En la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño (FAUDI) el desplazamiento de Mariano Faraci, viejo referente de Cambio Universitario, permitió una victoria inesperada para el anterior oficialismo. Sin embargo, no corrió la misma suerte el resto de los compañeros de aventuras de Tamarit.

Las performances de las candidaturas impulsadas por Carmen Visvisián en la Facultad de Odontología, la que fuera bendecida por Silvia Barei en la Facultad de Lenguas y la de Alberto León en la Facultad de Agronomía, empañaron cualquier festejo. Hilando más fino, en la Facultad de Lenguas, no ingresó el ex Secretario de Relaciones Internacionales, Guillermo Badenes, y en Agronomía, quedó a la intemperie el ex Secretario de Asuntos Estudiantiles, Gustavo Soto.  

Los comicios en la Facultad de Ciencias Agropecuarias (FCA) despertaron al menos alguna suspicacia para quienes puedan escrutar lecturas fuera del éjido universitario. El Ing. Gustavo Soto estuvo a pocos votos de ingresar pero al punteo de padrón, se registraron numerosas ausencias de votantes considerados propios, de los cuales más de la mitad fueron de la cátedra equipo del Ministro de Ciencia y Tecnología de la Provincia, Walter Robledo, incluido el propio Ministro.

Acertadamente, nadie interpretó que fuera una casualidad pero las lecturas y opiniones de los mortales no son unívocas: hay quienes entienden las ausencias como un signo emergente del histórico pacto entre el Panal y el Palacio 6 de Julio; otros piensan que el acuerdo fue mucho más puntual y personalizado, señalando la sólida y añeja relación entre el ministro Robledo y el director de los SRT Manuel San Pedro.

Ya despojado de toda investidura, nadie disimula que León no logró consolidar una fuerza capaz de competir en su propia unidad académica durante sus años de gestión. Quizás los próximos años lo recuerden al ex Secretario General como el hijo de Esparta que contra los augurios se inmoló ante una derrota anunciada y la historia pueda decir:  “Oh, extranjero, informa a Esparta que aquí yacemos todavía obedientes a sus órdenes”.