Prunus-i (fem) Ciruelo (*)

Prunus

En 1957 Ingmar Bergman estrena “Smultronstället” (Fresas silvestres), una película que narra el viaje en auto del anciano profesor Isak Borg que se dirige a recibir un Honoris Causa acompañado de su nuera. En el camino, se acercan al hogar de su infancia y el profesor aprovecha para recoger fresas silvestres que le recuerdan por su aroma al amor de su vida, ese amor que nunca se atrevió a vivir. En ese instante, el director sueco sintetiza el sentido de Smultronstället: el renacer de las flores con la llegada de la primavera pone de manifiesto las oportunidades perdidas, la frialdad que ha guiado su existencia, el inevitable vacío de una vida despojada de pasión.

Cuarenta años más tarde, quizás como un homenaje a Bergman, Abbas Kiarostami filma “طعم گیلاس” (El sabor de las cerezas) donde Badii atraviesa Teherán buscando alguien que a cambio de una suma de dinero, le ayude a suicidarse –o mejor, lleve a cabo el entierro luego del acto-. A través de diálogos poco floreados con tres personajes, un turco taxidermista se dispone a colaborar con su causa y le comenta los avatares de su propio intento de suicidio al que no se atrevió porque gracias al aroma de las cerezas recién cosechadas, eligió continuar viviendo.

Lo dulce y lo agrio definen el sabor de la cereza: las tentaciones y las decepciones, las alegrías y los miedos, los matices de la existencia.

 

(*) Postales UNC Por Diotallevi Garamond

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Winter is coming

JB

Casi mediodía neblinoso de domingo en Nueva Córdoba. La brisa fresca y el sol ausente anticipan que el invierno está llegando como una metonimia inevitable.  

Mediodía de otoño en el bar de la ciudad que quiso emular a la septentrional Milano. El café perfectamente tirado -como se espera que ocurra el día justo en el momento indicado-  y la edición de Página/12 sobre la mesa.

El flaneur tenía la seguridad de que nada ni nadie podían empañar ese momento de deleite pero su esbelta imagen al viento nunca imaginó que todo podía aún mejorar. El aroma del café recién molido invadía los sentidos mientras los dedos hurgaban a desgano el matutino. Uno de los periodistas más característicos de ese diario, insospechado de oficialismo, dedicaba dos párrafos de su nota principal al elogio de la trayectoria del Dr. Hugo Juri. Luego de ver el título de la nota de Mario Wainfeld “Conciencia de Clase”, no esperaba encontrarse con las dos menciones que leía y releía:

Para los memoriosos, el cuadro evocó al juramento de Ricardo López Murphy como ministro de Economía de la Alianza, en marzo de 2001. López Murphy fue mucho más ovacionado entonces que Macri ahora anunciando un plan de ajuste feroz, que clavaba los dientes en las universidades. En aquel remoto entonces, se produjo un cisma en el oficialismo. Renunciaron ministros boinas blancas fieles a la mejor tradición radical, a la Reforma Universitaria. Federico Storani de Interior, Hugo Juri de Educación. Eran otros tiempos, fue tal vez un adiós digno de un sector de la UCR.

“Cuando Macri shoteó al impresentable Juan Cruz Ávila y nombró Secretario de Políticas Universitarias al radical Albor Cantard, hubo alivio de rectores y decanos. Más allá de las banderías, era un ex rector de la Universidad Nacional del Litoral alguien de la comunidad, se imaginaba que obraría con coherencia. Por ahora no sucede. Habrá que ver si rectifica las políticas o si da un paso al costado decoroso como hizo en su momento el correligionario Juri.

Por fin alguien echaba luz sobre el perfil del hombre que él había ido a buscar al desván de la historia universitaria y dejaba en claro el carácter progresista/ reformista de su armado, ya que este había quedado muy diluido con el vicerrectorado del Abogado del Opus Dei Ramón Pedro Yanzi Ferreira y la Secretaría General de Roberto Terzariol. Imagen que se vio satirizada gracias a la prepotencia con que quisieron imponer sus caprichos en la primera sesión del Consejo Superior.

Cuando recordó ese momento, no pudo evitar que se le viniera a la mente el rostro desencajado del Rector durante esa sesión, de ahí a rememorar sus accesos de ira y sus decisiones intempestivas e inconsultas (como había sido su renuncia al gabinete de De La Rúa) hubo solo un paso.

Puso las manos detrás de la nuca y tiró los codos para atrás, estaba claro que el rumbo de sus pensamientos lo ponía nervioso. Aprovechó el permiso para fumar en las veredas de los bares y prendió un Parisienns después de mucho tiempo. Por enésima vez volvería a la costumbre que había dejado tantas veces. Masculló algo inentendible y empezó a preocuparse seriamente, al tiempo que el café ahora le parecía quemado. En su cuerpo sintió la presencia física del temor a que el Dr. Juri piense que la gran solución para el futuro negro que presagia la falta de apoyo del gobierno nacional sea repetir el gesto heroico del 16 de marzo del 2001.

Pasaba el mediodía. Era domingo y la neblina nunca terminó de disiparse.

¿Qué ves cuando me ves? (*)

Es otoño, Mecenas. La Ciudad Universitaria luce desierta y coloreada en sepia como una pintura imaginada por Francesco Petrarca o como una fotografía de Instagram porque el bucolismo aun conserva su dote imperecedero para evadir la realidad.

Es otoño, Mecenas y los colores amarillos despiertan la magia y el olvido de las elecciones en el claustro docente durante la jornada de ayer. No hay lugar para los transeúntes, para los debates improvisados, para los encuentros.

Es otoño, Mecenas. Una estudiante solitaria lee bajo la sombra de un árbol muy lejos de la universidad pública, la universidad para todos.

(*) Signore Diotallevi