Espiral de engendros

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El irresuelto proceso de creación de nuevas facultades que la exrectora Carolina Scotto legó al exrector Francisco Tamarit, es una minucia frente al presente griego que recibió el actual rector con la creación de dos facultades a mitad de camino.

En el complejo escenario de la sesión del Honorable Consejo Superior del pasado martes se destacaban algunos hechos -nada que no fuera vox populi entre los transeúntes cuatricentenarios-:

  • la alianza de la Directora de la ex Escuelita de Ciencias de la Información y el Centro de Estudiantes se había quedado sin política al obstinarse con la imposible candidatura de Claudia Ardini. Tal vez no se trató de un vaciamiento repentino al perder la Asamblea de marzo sino de la culminación de una estrategia que confunde política con mero oportunismo.
  • el ala radical del Macrismo -que no es lo mismo que el macrismo radicalizado ¿O si?- intentaba aprovechar al asesor de la Directora de la ECI, quien es a su vez responsable de comunicación y prensa del intendente Javier Mestre, para negociar un acuerdo que les permitiera sobrevivir a los que viven de esto;
  • el sector de Pablo Carro no lograba establecer alianzas desde la comodidad de su residencia en el vecino barrio de Rogelio Martínez;
  • el Vicerrector y también Decano de la Facultad madre de los dos engendros Pedro Yanzi Ferreira parecía no jugar nada en esta facultad y tener sus preocupaciones en la Facultad de Ciencias Sociales.

En fin, eran evidentes las dificultades para vislumbrar un liderazgo que condujera aquella Escuela a esta Facultad incluso con la benevolencia de pasar por alto todas las disputas epistemológicas acerca de la pertenencia disciplinar.

El Dr. Hugo Oscar Juri no participó en diciembre del año pasado de ese debate aunque sus muchachos se opusieron tenazmente y ahora estaban tentados con hacer fracasar la normalización para demostrar que, tal como ellos pronosticaban, la creación de las dos facultades era inviable. Sin embargo, han aprendido que llevarle problemas al Rector los hace recibir gritos y perder espacio.

Decidieron apostar a que todo anduviera bien y cuando supieron que por primera vez desde que son oficialismo contaban con el acuerdo del decano amo y señor de las palabras Diego Tatián, creyeron que el futuro se ponía de su lado.

Pensaron todo cuidadosamente: la simpleza de los argumentos sobre la elección de la Decana Normalizadora de Comunicación, el tono para responder a la incoherencia de la Bisagra (a quienes les parecía suficiente un quórum de 9 para modificar el sistema electoral establecido en el Estatuto Universitario, pero poco para proponer uno de los tres candidatos a decano normalizador) y las concesiones que estaban dispuestos a hacer sin dejar de meter una cuña en la Facultad de Sociales. Por fin estaban dadas las condiciones para una sesión que debía terminar con final feliz sin posibles cuestionamientos opositores. Otra vez se llevarían un sabor amargo al término de la sesión.

El primer indicio para pensar que no habría perdices para la cena fue la reiterada ausencia del Rector Hugo Juri presidiendo el HCS, sabiendo que la dupla conformada entre el Vicerrector y el Secretario General Roberto Terzariol está lejos de jugar de memoria. Pero la peor parte fue cuando repararon que en los pliegues de esa conducción arrebatada, confusa y arbitraria del polifuncionario se concretaría la designación como decana de la candidata títere de Eugenia Boito (el único voto de la ECI que tuvo Juri, gracias a su alineamiento con Yanzi). Otra vez quedaba claro que quien había sido elegido para formar parte de la conducción de la UNC con el objetivo de restarle poder en su facultad, se las ingeniaba para extender sus dominios ante las narices de los muchachos y la abulia del Rector.

 

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Elena y Paris

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Una decana alza vuelo. Todos lo sabían: Elena Pérez -decana de la Facultad de Lenguas– era quien dedicaba mucho esfuerzo y poca neurona en el indudable crecimiento de una unidad académica que casi no tiene equivalente en otra universidad del variopinto panorama universitario argentino. En los últimos tiempos, se ha destacado por sus intervenciones en el Honorable Consejo Superior (HCS) citando pensadores que el progresismo universitario idolatra y adulando sin tapujos las posiciones sobreactuadas de la consiliaria estudiantil de Sur.

Hay días que se desliza por la cuatricentenaria universidad sintiendo que trajina el Barrio Latino en París del 68, pero solo es correcto el año ya que ideológicamente está más cerca de Praga. En sus declaraciones espontáneas de redes sociales siempre se quejó que los presos ganaran más que muchos trabajadores honestos, sin atender a que muchos de esos trabajadores eran sus súper explotadas profesoras, a quienes seguramente les hubiera convenido enseñar inglés desde Bouwer.

Lamentablemente, sus contradicciones se agudizarán, aunque no será debido al retorno a la Facultad de Lenguas de la vicerrectora, sino a que su tozudo trabajo contribuyó a poner en el segundo piso del Pabellón Argentina a quien, objetivamente, es su peor enemigo.

El Dr. Hugo Juri sigue empecinado en retomar los proyectos que dejó en un armario el día que le dijo a Fernando De La Rúa que lo acompañaría en su aventura (si es posible poner a De La Rúa y aventura en la misma oración), y todos los días los zamarrea para quitarles un poco de moho y volverlos a proponer, abonando la iniciativa demostradamente fracasada, de la transversalidad. Un relicto inocuo de esas políticas es el Departamento Universitario de Informática (DUI) que funciona con popularidad decreciente gracias al plan Conectar Igualdad que dejó pocos ingresantes a la UNC sin alfabetización digital.

Cabe destacar, otra reminiscencia de la gestión del Prof. Dr. Juri: el DIFA, el Departamento de Idiomas con Fines Académicos, que involucra a un conjunto de docentes de Lenguas que enseñan, preferentemente Inglés, en las otras Facultades. El proyecto sigue en pie y quita el sueño a la Decana dueña de los ojos claros más malos del Consejo Superior. Los problemas no se reducen sólo a la cantidad de inconvenientes que suscita la imposibilidad de compatibilizar las normativas académicas de las diferentes facultades donde las profes dan clases con las de la propia Facultad, sino, y sobre todo, a que en ese espacio se ha concentrado un grupo de muy buenos docentes marginados por no alinearse políticamente con la Decana. Estos docentes han logrado una reciente estabilización, gracias al siempre oportuno –u oportunista- Pablo Carro y ahora la Dra.Elena Pérez quiere donarle los cargos a cada facultad donde dan clases. Su idea es clara: perderá muchos puntos, pero eliminará varios opositores.

“Nihil novum sub sole” sugieren los oráculos al gremialista que amanece tarde: los regalos magnánimos suelen encubrir guerreros agazapados y lanzas escondidas.