Tradiciones cordobesas y radicales

Resulta al menos curioso el rumbo espiralado y sinuoso que recorre la información por estos días. En un desmadre absoluto de titulares en periódicos al servicio de los intereses del ejecutivo y el lobby empresario, declaraciones oficiales que parecen espacios publicitarios y ejército de operadores a sueldo -o monotributo- que se encargan de las redes sociales como quien está dedicado a colocar minas antipersonales en las zonas de desmilitarización en la región de Grandes Lagos, los zócalos de los noticieros merecen una atención especial.

Si se analizan exclusivamente los zócalos, que ya son un género literario en sí mismo por la función extendida de uso y abuso, que en muchas ocasiones impiden visibilizar quién fue el que tiró el centro por el que la pelota terminó ensartada en el arco contrario y se convirtió en gol, las variables conducirán a la inevitable certeza de la manipulación. Las usinas evaluadoras y sus focus groups sobre los impactos adversos de noticias negativas en la opinión pública están sentando las bases para que miles de mediocres, a quienes se les retacea información adrede para que solo sean capaces de replicar el estilo descontracturado y la pose ganadora de los que marcan tendencia, repitan en múltiples foros la manera de comportarse en estas situaciones en las que la realidad marca agenda contrariando las preferencias de los poderosos.

Zócalos

Con el drama de la desaparición del submarino ARA San Juan se evidencia una serie inconexa de estrategias que podrían ser de utilidad para un práctico evaluador de la flamante Facultad de Ciencias de la Comunicación: pongan los fideos que están todos, desde Lasswell y Lazarsfeld (Merton tenía otro compromiso) hasta McCombs y Nöelle- Neumann.

El modo en que se arribó al aviso público de que se abandonaba la búsqueda de los tripulantes es el corolario de una saga que tuvo su punto cúlmine a los 8 días desde el último contacto con el submarino, que al parecer llevaba tantos pasajeros parados como si fuera el 20 desde Villa Cabrera a Ciudad Universitaria, los zócalos se encargaron de destacar en ese momento que el presidente Macri se acababa de enterar de la explosión que había ocurrido el día de la última comunicación.

El dato llamó la atención de los politólogos que engrosan la lista de subocupados cordobeses, quienes siempre entrenan para cuando tengan que asesorar a su creación política en una situación conflictiva. Para ponerlo en términos cordobeses la decisión comunicacional dejaba claro que estaba basada en que era mucho menos dañino pasar por idiota que por un “canalla manipulador”(*). Pero lo que más llamó la atención es que el hashtag oficial fuera #HagamosLaGranJuri que es una versión perfeccionada de la inaugurada por el Dr. De la Rúa los días que estuvo en el sillón de Rivadavia, una tradición bien cordobesa y radical.

Emilio Renzi

 

(*) “Culiado” en el texto original.

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