Y la banda siguió tocando

sorrentino

En un año marcado por las nuevas reglas que dictó la escueta Asamblea de diciembre pasado y con la mirada en las primeras 7 unidades académicas que harán el debut de la elección directa de autoridades, es decir, decanos y vices, el oficialismo afina la puntería para no errar al vizcachazo como le ocurre por estos días a sus padrinos ideológicos del gobierno nacional.

Haciendo muestra de su capacidad de influencia y con un esfuerzo titánico -tanto en energías como en metálico- para hacer pie dentro las facultades opositoras despliega variadas tácticas: además de inscribir masivamente militantes estudiantiles de Cambiemos y Franja Morada en la novel Facultad de Ciencias Sociales y en el reducto cientificista de Ciencias Químicas, encaminan sus apuestas en la no tan nueva pero siempre codiciada Facultad de Artes. Las fichas para el Pabellón Méjico y alrededores se amotinan alrededor de la impoluta figura del Mgter. Pedro Ernesto Sorrentino, docente de la mencionada Facultad que ha sabido cultivar un perfil moderado a imagen y semejanza de su admirado Jhon Boretto, característico por las maneras suaves con decisiones firmes y ventajosas para sí mismo.

Durante años, Sorrentino se movió en la gestión normalizadora de la Facultad de Artes a la sombra de la Decana Ana Yukelson, resistiendo los embates del ala más radicalizada (no en el sentido morado) de Cambio Universitario en esa Unidad Académica y formando parte del gabinete con un desempeño de caballo de estatua típico de su origen: ninguna deposición, pero ni un paso atrás ni uno adelante.

El triunfo de Cambiemos en la UNC le abrió la posibilidad para destacarse con la idea de volver a su facultad y disputar el decanato, era obvio que la Subsecretaría de Cultura se le presentaba como un lugar ideal para traficar influencias con todos los artistas carentes de espacio para mostrarse.

Las cosas marchaban dentro de lo previsible hasta que le estalló en sus delicadas manos el conflicto de la Orquesta Sinfónica de la UNC. En realidad -y para ser justos con el joven aspirante a decano- todo esto se trata de un viejo entuerto que el ex Rector González legó a sus sucesores media hora antes de irse, sin ningún plan sobre cómo se sustentaría y respondiendo a un modelo de gestión universitaria del SXIX.

Los anteriores Subsecretarios de Cultura -la Dra. Mirta Bonnín y el Lic. Franco Morán- pilotearon el conflicto prorrogando hasta más de 10 años las becas de formación. Pero en aquellos casos, se trataba de una antropóloga y un trabajador no docente, cuyas imágenes no se veían muy afectada por los reclamos de un grupo de músicos que pretenden ser solventados per secula seculorum con el erario de la Universidad. Hoy la protesta se ha agudizado de manera sonora y la orquesta sale de gira visibilizando sus demandas y las consecuencias para el Mgter. Sorrentino son gravosas, ya que  ha empezado a ver su nombre ligado a epítetos que flaco favor le hacen a su aspiración de volver como el gran gestor cultural a salvar a la Facultad de Artes.

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