Daños colaterales

Conrero y Terzariol

Un alfil no descansa ni cuando debe quitarse el solideo. Devoto ἐπίσκοπος o vigilante que supervisa los pastores, mantiene sus radares encendidos y atento a los favores que le sean cortejados, prepara el báculo y la mitra. Pero el Obispo que nos mira en la Casa de Trejo, sabe también cuándo es preferible usar su ponzoñosa pluma antes que el cilicio.

Convocado para sembrar cizaña en los reductos bibliométricos de Ciencias Químicas y Famaf, la tinta del matutino universitario anunció con algarabía que la Facultad de Ciencias Agropecuarias era la más mejor (sí, leyó bien “la más mejor”) de las unidades académicas de la UNC según el ranking QS. Sin embargo, el estiletazo no acertó en los dos blancos opositores de Av. Medina Allende y vino a impactar en el nido de una facultad sensible para la alianza oficialista que reúne reyes, caballos, torres, varios peones y unos dados de la generala que perdieron su cubilete.

Si la Inquisición preguntara, no podríamos negar que estábamos esperando su arribo pero la creímos al menos con visos majestuosos y no de esta manera, atascada en la brutalidad y el ridículo. Es que nadie que conozca aunque sea de pasada la Universidad Nacional de Córdoba -como es el caso de los docentes investigadores de las facultades conducidas por el Dr. Gustavo Chiabrando y la Dra. Mirta Iriondo – podría acreditar que FCA fuera destacada a nivel internacional debido a su producción científica.

Voló el tintero pero no cayó muy lejos y el desparramo de la sustancia viscosa empantanó las Baterías D para recordar tal vez aquel comienzo de rispideces que hasta ahora no habían dejado su estado sigiloso y larvado. En definitiva, no se trataba más que de una puja para la auténtica definición de “los ingenieros” y desde que midieron falanges en la palestra que aprobó la escueta Asamblea de diciembre pasado,  la contienda se volvió desembozada y sangrienta, por lo que todo elogio que tenga que ver con Agronomía es tomado como una afrenta personal por los ingenieros “verdaderos”, como les gusta llamarse a quienes dan clases en la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.

Los gritos se escucharon por toda la caja de cartón que cobija a los funcionarios de la Secretaría General: “¿Cómo se va a destacar Agronomía en investigación? ¿Ni siquiera deben saber calcular el índice h? Resulta que ahora somos buenos en lo que no enseñamos: no hay carrera de Sociología, no hay Silvicultura ni Forestación y en eso nos destacamos.”

Razones no le faltaban al ingeniero que ostenta una figura que lo precede porque el ránking habla de áreas y no de facultades, con lo que la FCA forzó una interpretación para adjudicarse todos los importantes trabajos que desarrollan áreas como ambiente, bosques, conducta animal y otros de la FCEFyN, donde hay grupos de investigación de resonancia internacional, como así también en otras facultades.

Lo paradójico es que para desnudar la maniobra de la escudería Conrero -que se vanagloria de una producción científica que desconoce- el oficialismo de la FCEFyN se jacte de la categoría de sus investigadores de la Escuela de Biología, a los que siempre despreció.

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