El Alfil se aferra a maltratar la lengua española

Estimados editores:

El motivo de esta esquela redunda en la preocupación que me llevó a golpear la puerta de vuestra redacción y por enésima vez, corroboro que mis esperanzas se hunden en la fangosa ciénaga de la desesperación.

Tal vez para ustedes, conocedores del paño color obispo que llaman al periódico “el pasquín morado”, se trate de una nueva “andanza del cronista militante”. Sin embargo, no puedo dejar de ver en ese redactor a un colega y temo esté siendo castigado con una fusta, como las que se utilizan para dirigir al caballo en un círculo, con el objeto de producir escritos ajenos a la gramática española.

Esas son las razones por las que en esta oportunidad, he dejado dolorosamente a un lado los deseos de sorna para recordar unas pocas sugerencias de sintaxis provenientes de la Real Academia Española, a quienes se ven obligados a relatar lo que ocurre en el Honorable Consejo Superior semana tras semana.

El exceso de adjetivaciones no resulta aconsejable si lo que se desea es generar un efecto de verosimilitud en sus destinatarios, por el contrario, la sensación de sus lectores es que existe una marcada evidencia para sostener cierta animosidad en la narración (aunque supongo que lo de “novel” puede ser una referencia oculta a cierto funcionario del Sr. Intendente de la Ciudad y a la vez, profesor influyente de la unidad académica en cuestión). Tampoco está bien visto, repetir vocablos como es el caso “de de” a menos que esté invocando el alma difunta de Douglas Glenn Colvin, quien era conocido popularmente como “Dee Dee Ramone”.

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Nuestra lengua materna debe su fama mundial a la diversidad de términos que alberga, lo cual debería contar como razón suficiente para reemplazar con sinónimos cada vez que sienta se está atorando de cacofonía como puede observarse en “los contratados que tienen contratos”, “el nuevo equipo de gestión que intenta plantear nuevos criterios” o en “designación, a quienes se les asignaba”.

No obstante, lo que ha llamado poderosamente mi atención es la carencia absoluta de reglas gramaticales para construir párrafos con oraciones subordinadas, ya sean de naturaleza sustantiva, adjetiva, adverbial, implícitas y explícitas como consta en el siguiente gráfico.

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He llegado aquí conmovido y tal como lo anuncié al comienzo, no deseo que nadie contemple estas líneas como un ejercicio de cinismo o peor, como algo que mueve a la risa. Por tanto, acerco la versión digital de las reglas sintácticas para que tanto los cronistas que sirven al Obispo como el periodista terrateniente del matutino cordobés, se valgan de ellas y hagan loas a nuestra magnífica lengua castellana sin olvidar que son guerreros de la pluma como quien suscribe y que nunca debemos permitir que por nuestra ignorancia de la gramática, la sintaxis o la ortografía se arruine una operación política de prensa.

Suyo,

Nicetas Choniates

 

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