La guerra de los premios (Se va la segunda)

Apogeo del conflicto

En los últimos días, se desató un periplo mediático y las trincheras de opinión en las redes sociales se colmaron de editoriales mal redactadas gracias a lo que algunos periodistas dieron en llamar “el capricho de Tatián”. Con la esperanza de que la claque al menos haya aprovechado para interiorizarse sobre la vida y obra de José Aricó, además de desempolvar algunas nociones acerca de la autonomía universitaria y las facultades de los consejos directivos, nos abocamos a un breve racconto de los premios que la Universidad Nacional de Córdoba ha entregado en sus últimos años.

La añosa Casa de Trejo no se ha privado de homenajear a los más variados personajes a lo largo de su historia. En los últimos tiempos, los reconocimientos y premios otorgados por las autoridades de los diferentes claustros han sido acompañados por acaloradas polémicas.

Así tenemos el Doctorado Honoris Causa que por iniciativa del Consejo Directivo de la Facultad de Psicología, el Consejo Superior le otorgó al Dr. Abel Pascual Albino, quien increíblemente sorteó el atento ojo de la Consiliaria Opo-Oficialista Patricia Altamirano pese a que el galardonado se dedicaba a solicitar causas penales para los médicos que practiquen ligaduras de trompa, entre otras tropelías. Que el único rebote serio de semejante desaguisado haya sido el reclamo de un consejero estudiantil en la Asamblea Universitaria de diciembre de 2015, fue un bajo costo para la desidia del progresismo autopercibido a la hora de revisar expedientes.

No le fueron en zaga la audacia del ex Rector Francisco Tamarit, que homenajeó al ex gobernador Eduardo César Angeloz, sobre quien no había que investigar mucho para oler que la única justificación de un reconocimiento era una jugada para la tribuna boina blanca que poco redituó. Tampoco se quedó atrás la consecuencia del Vicerrector y Decano de la Facultad de Derecho Ramón Pedro Yanzi Ferreira (quien esperamos haya dejado su cargo de Secretario de Posgrado o haya podido comprar más horas al día mediante alguna turbia negociación con Mephistópheles), que en un breve lapso declaró Huésped de Honor de la Facultad al prescripto Oscar Aguad y homenajeó con igual título al testigo privilegiado del accionar de las fuerzas del Operativo Independencia en Tucumán durante la última dictadura Joaquín Morales Solá. Hechos sobre los que ninguno de los fiscales de la milagrosa autonomía y la sacrosanta reforma tuvieron nada que decir.

Sin embargo, una facultad le entregó un reconocimiento al “compromiso social y político” a Milagro Sala y ardió Troya. Dadas las circunstancias y el exceso de publicidad que dicho evento hubo acarreado en los días pasados, no queremos dejar de mencionar la abstención de los consejeros de CAUCE (ex Enrique Barros) al premio Aricó para Milagro Sala otorgado por el Honorable Consejo Directivo de la Facultad de Filosofía y Humanidades pero como además, somos reporteros old fashioned, evitamos entrevistarlos para no obligarlos a decir públicamente que “Héctor y Aquiles son lo mismo”.

 

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3 comentarios en “La guerra de los premios (Se va la segunda)

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