Un tigre morado – Segundo paso

13460772_10153512331537016_1202981206_o

El Consejo entró al tratamiento del proyecto de Estructura Orgánica sin miramientos. La primera en tomar la palabra fue Elena Pérez, decana de Lenguas y miembro informante del proyecto, quien -fiel a su costumbre- no se privó de dar una petit classe de semiótica explicando que el texto que presentaba “da cuenta de las intenciones del autor así como también de lo que no dice” y que “allí estaba la disputa de sentido”. Brillante con B de Barthes. Le Decana les devolvía a los Kirchneristas Tamaritistas con o sin Tamarit Camporista Filo Quebracho amantes del relato un poco de su propia medicina, aunque repitiendo las fórmulas Greimacianas perimidas que limitan la producción del sentido al texto y solamente al texto. Por supuesto que su par de la Facultad de Filosofía y Humanidades, conocido Amo y Señor de las Palabras no tardó en recordarle que el sentido excede a la gramática y opera en el campo de lo político. No sería la única vez que nuestra parissiene intellectuel preferida se iba a quedar sin respuestas.

Como el tigre que baja las orejas antes de acelerar el paso que se convertirá en ataque, la presentación de la propuesta tuvo un llamativo tono excusatorio, pleno de intencionalidades bondadosas y escaso de argumentos acerca de las virtudes del proyecto. Abundaron las declaraciones de loables propósitos y el esfuerzo por incorporar críticas de la oposición pero poco pudieron disimular la decisión de producir una aberración orgánica en el seno de la Universidad generando conflictos de intereses entre quienes deben representar a las facultades y los propósitos del rectorado. Ni siquiera Jhon Boretto, diestro jugador de la política universitaria, quién suele compensar su casi inexistente carrera académica con una acumulada experiencia de militancia y gestión, fue capaz de dar argumentos que excedieran al involucramiento de las Facultades en la toma de decisiones del Rectorado (objetivo que de ninguna manera sólo puede ser alcanzado incorporando decanos en el área central). “Los votos se imponen” reconoció Marta Diaz de Landa. El tigre mataría a su presa pero no podrá presumir inocencia.

La pregunta que flota en el aire hace semanas sobre esta discusión es ¿Por qué  semejante esfuerzo político para mantener el artículo 4° que exige “ser o haber sido decano” para ser titular de área? ¿No sería acaso más simple flexibilizar el articulado y conseguir el proyecto por unanimidad? La explicación finalmente retumbó con voz grave en los silenciosos muros circulares del Consejo Superior: Juri asumió la candidatura a Rector con la condición de no tener que ocuparse más que de dos o tres temas que le interesan pero ahora se encuentra con que tiene que ir todos los días a la ciudad universitaria, interiorizarse y firmar expedientes o resoluciones, cuando preferiría tener algunas reuniones políticas, sacarse fotos sonriendo con su bremer color obispo y que todos le agradezcan el retorno (por eso presidir las sesiones de Consejo Superior no se encuentra entre sus responsabilidades favoritas). Sin embargo, en la UNC, cual barco que requiere permanentemente un timonel, es necesario que alguien se haga cargo de la tarea cotidiana de gestión. Los muchachos no pueden cumplir la palabra empeñada a Juri y hacer las veces de rector si no tienen un cargo formal desde el cual firmar. Y esa es la Verdad sobre este asunto, si acaso la Verdad puede ser pronunciada.

Finalmente el tigre atacó. La lista de oradores concluyó y los defensores del proyecto en cuestión se relamieron preanunciando el resultado de la votación: el oficialismo hizo valer el peso de sus votos y se impuso 23 a 16. El festín fue servido.

No obstante, la oposición, cual gacela que se resiste y desconoce que los dientes impiadosos ya se han cerrado sobre su cuello, puso sobre tablas un proyecto de incompatibilidad de las funciones de decano con otras responsabilidades de gestión. Otra vuelta sobre el eje, una repetición de la discusión anterior que obviamente no se dirigía hacia ningún puerto salvo permitirle al consiliario por los egresados Claudio Orosz jugar el juego que más le gusta: en un tono calmo pero firme, como quien alega en un juicio televisado, exigió a los decanos que se expresen sobre el proyecto de incompatibilidad por estar directamente involucrados. Los decanos, que aún se felicitaban por el triunfo alcanzado, sintieron el frío correr por su espalda y se negaron a tomar la palabra. Quizás la posibilidad de tener que responder en una instancia judicial acusados de incumplimiento de deberes de funcionario público a instancias del mismo Orosz constituía una amenaza demasiado real como para hacer caso omiso. O tal vez porque reconocer públicamente su ambición de ocupar todos los cargos que sean posibles en la estructura universitaria está más allá de lo que públicamente podría admitir un morado de buena estirpe.

El tigre remató a su presa de un zarpazo. El oficialismo bajó sus votos con la fuerza de la mayoría aunque con una abstención. El eterno Yanzi Ferreira no pudo evitar la tentación de lucirse y admitió que la propuesta lo tocaba muy de cerca. En su disertación insistió, quizás demasiado honestamente, con que “si efectivamente existiera una incompatibilidad en el cargo no sé si estaría sentado aquí”, reconociendo que la ilegalidad de la situación no necesariamente representaría un problema en su camino al Pabellón Argentina.

Anuncios

Un comentario en “Un tigre morado – Segundo paso

  1. Pingback: Esa estrella era su lujo | Revista Eco

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s