Desgracias de Parzival (Libro III)

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Aquí se empieza el cantar del conde Parzival,

El día que sus gentiles demonios lo abandonaron

Y a otros con votos y favores acompañaron

Puesto que sería una mujer de semblante estival

Quien traería la triste noticia hasta su despacho

Aquella jornada en que Silvia del Huerto Aguirre Mathieu asumió el cargo de Secretaria General de la Asociación Gremial de Trabajadores de la Universidad Nacional de Córdoba “General José de San Martín” en el Salón de Actos del Pabellón Argentina, a todos generó la impresión de ser una mujer olvidadiza, quizás también fácilmente sugestionable. Fue al término de su discurso de asunción que un miembro de la comisión directiva decidió increparla con vehemencia, al punto de obligarla a tomar nuevamente el micrófono para hacer un reconocimiento al liderazgo y la trayectoria del “compañero Carlos Vallejos”.
En ocasión de la última Asamblea Universitaria en el mes de marzo pasado, quedó flotando la duda en la Sala de las Américas: ¿Sería Silvia del Huerto Aguirre Mathieu una mujer algo indecisa o estaban frente a una hábil oportunista? Ella supo esperar  que pasaran horas interminables de discursos hasta que se concretara la primera votación para recién ahí, con todo definido, pedir la palabra y justificar su voto y el apoyo del gremio de los No Docentes al por entonces candidato, Dr. Hugo Juri.
El tiempo fue transcurriendo entre urnas y fue el día en que sufragaban los graduados de la Universidad Nacional de Córdoba que la mujer de semblante estival demostró carácter contra lo que parecían indicar los antecedentes citados. Cuando se habían contado y vuelto a contar los votos de los consejeros por los egresados en la Facultad de Derecho y era irremontable la diferencia de 18 votos por la que los candidatos del Dr. Ramón Pedro Yanzi Ferreira quedaban fuera del Consejo Directivo, todos se dieron cuenta que Tomás Juncos, el eterno aliado del Decano, con su lista UEU de egresados, había cosechado exactamente 18 votos.
El Vicerrector y decano se había encerrado solo en su despacho apenas se abrió la primera urna y empezó a oler a desastre, al terminar el recuento los operadores de Yanzi –nuestro eterno Parzival–  se miraron y se dieron cuenta que Juncos había desaparecido. Todos daban por sentado que él tenía que ir al decanato a llevar las malas nuevas, ante su ausencia y la reticencia de todos, la Secretaria General de la Gremial y consejera por los No Docentes de la Facultad de Derecho, tomó las planillas con los resultados y encaró con envidiable resolución para las oficinas del Decano.

 

“Comed, conde, de este pan, bebed, conde, de este vino,

De cautiverio saldréis si hacéis lo que yo os digo,

Si no, en todos nuestros días no veréis ningún ser vivo.”(*)

(*) Anónimo, Poema del Cid, Editorial Losada, Buenos Aires, 1963.

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4 comentarios en “Desgracias de Parzival (Libro III)

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