Los fracasos internos del tamaritismo

 

Francisco Tamarit finaliza su mandato con varias cuentas pendientes: la fundamental es una deuda consigo mismo porque no tenía pensado irse y proyectaba enderezar sus pecados en los próximos tres años. Al ex rector lo persigue la profecía auto cumplida de no haber impulsado la reforma electoral pero además, carga con una serie de fracasos de índole política puertas adentro de su espacio.

 

Entre las cuestiones políticas sin resolver con las que Tamarit abandona el segundo piso del Pabellón Argentina está la división de la Bisagra. Es probable que sienta que tiene una parte de la  responsabilidad, debido a su estilo de atender el teléfono a todo el mundo, lo que permitió que cualquier militante ambicioso (los que abundan en la agrupación estudiantil) pudiera darle su interesada versión sobre cada tema en disputa, lo que le otorgó el manejo de una amplia información al Rector, pero “empoderaba” -término que adoran sus militantes nacidos al calor de la década ganada- al dueño del celular más allá de su representatividad.

 

Su último intento fue pedirles al decano Diego Tatián -dueño y señor de las palabras-  y a su secretario Alberto León -conocido por su pragmatismo político- que llevasen adelante acciones que permitieran limar las asperezas entre los diferentes espacios: aquella Bisagra histórica y burocratizada y la otra, la de los que siempre están naufragando en busca de una boya con fueros parlamentarios para mantenerse a flote.  

 

El fracaso fue estruendoso (como los que vienen acumulando en los últimos meses) porque ni siquiera lograron concretar una primera reunión. Quizás la alquimia de Tamarit combinando dos operadores, uno con exceso y otro con carencia de sutileza fue demasiado. La agrupación oficialista, que ahora vuelve al llano, eligió mantener su unidad formal sin discutir las diferencias. Muchos creen que no las discuten porque están más asentadas en las mediocridades que en las luces. Otros dicen que están esperando la vuelta de su mesías pero la realidad es que las heridas no cerradas siempre salen a la luz, lo que se hará evidente en las elecciones de junio.

 

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